Me queda la palabra

Mil veces utilizado este verso en distintos campos y artes; desde aquel poema de Blas de Otero bajo el título de “En el principio”, pasando por el grupo de música folk “Aguaviva” o aquel concierto memorable de Paco Ibáñez, atreviéndose a declamarlos en francés por aquello de estar en el Olympia.


La palabra siempre debiera ser el bálsamo de Fierabrás, pero hay quien prefiere el “postureo” y el ser teatrero –entendiendo este término en su acepción más coloquial, como aquello que es una actuación exagerada y desproporcionada- antes que darle el verdadero sentido, o por lo menos lo que yo entiendo, sobre lo que encierran en sí esas cuatro palabras.

Esto me viene a cuento por aquella mi última perorata, en la que haciendo un símil con el teatro intentaba endulzar un poco el esperpéntico espectáculo que nos brindaron sus señorías, no me extraña que los leones le estén dando su parte menos noble, aquí pueden ustedes poner el “palabro” que quieran: “pompi”, “culamen”, “trasero” e incluso para los más avezados en los instrumentos de música popular, “pandero”, en definitiva “el culo”, no es para menos. Dejo aquello que nos preocupó en su momento, que no quiere decir que no nos vaya a ocupar más en el tiempo para dedicar esta mi monserga a lo que es el meollo de la cuestión: “la palabra”.

A mí que no me importa hacer ostentación de mis amistades y disfrutes gastronómicos, os cuento el último.

En esta ocasión la familia anfitriona haciendo gala de su relación con Castilla La Mancha, nos ha obsequiado con unas gachas, muchos os preguntaréis ¿y eso qué es? Pues ahí de momento os queda esa nueva palabra. Las gachas, en este caso, es una especie de crema que se realiza con harina de almorta a la cual se le añade algún que otro tropezón, aquí os dejo libre vuestra imaginación, esto lo uno con lo de la palabra porque en el tiempo que tardamos en la preparación, más el deguste, la sobremesa y la despedida, allá cuando los gatos maúllan, salía, como no, el tema de estos últimos tiempos, el de la orfandad gubernativa, y todo lo que aquellos tienen que hablar y no lo hacen, nosotros nos pusimos manos a la obra, tampoco solucionamos nada, pero por usar la palabra no quedó, ronco sigo todavía.

Al día siguiente por aquello de darle un respiro a los intestinos me forcé en la lectura de un libro de mi admirado Alex Grijelmo, “Palabras de doble filo”, para mí uno de los que más y mejor utiliza la palabra, y ya no solo como verborrea, ¡no!, la usa con un academicismo de envidia; de mi lectura, con su permiso, os voy a imbuir algunos retazos.

Algo que se utiliza mucho últimamente, por aquello de querer dar justificación, son los “participios” o “adjetivos verbales”; él baraja que existen ciertas palabras que están dentro del Diccionario, como “ilusionante” o “escuchante”, por lo que están bien dichas; pero del mismo modo existen otras que no están en el Diccionario, como: “cabreante” o “ilusionante”, pero sí en la gramática, ya que provienen de cabrear o ilusionar. Conclusión, el Diccionario es algo que recoge lo que ciertos señores deciden, la Gramática es algo más vivo y que está más en consonancia con los tiempos y las personas.

Siguiendo con esta tesis, comenta que el Diccionario está cerrado a vocablos como “estaribel” cuando se refiere a algo montado provisionalmente para luego ser desmontado, decir “se armó un pifostio” todos lo entendemos, pero no busquen “pifostio” en la RAE porque no aparece; como tampoco están: “trantrán” cuando se juega al mus, “bocachancla” para definir a alguien charlatán, “cotolengo” para referirse a un asilo e incluso lo de “ojiplático” y “rompesuelas” cuando nos queremos referir a que nos hemos asombrado y somos amante del senderismo.

Hace Grijelmo un apartado para lo que llamamos anglicismos, y defiende que no debe ser un mal para el idioma cuando, por ejemplo, el Diccionario nativo se enriquece con términos que se transforman haciéndose propios, ejemplo lo pone con el vocablo “fútbol” castellanizado que proviene de “football”, aunque con algunas diferencias; en España es palabra llana –“fútbol”- y en la América castellanohablante es aguda, “futbol”. Aquí me surge una curiosidad, el término “balompié” compuesto por dos palabras puramente castellanas, sigue apareciendo en clubs de fútbol con cierta raigambre inglesa, ejemplo es el “Club Riotinto Balompié”, que dicen fue el origen del deporte llamado rey en esta nuestra piel de toro traídos por aquellos ingleses que explotaban la mina, ¿será reminiscencia del latín de los romanos?

Del primigenio término fútbol que adaptamos en el Diccionario, se ha incrementado la familia, apareciendo “futbolista”, “futbolero” e incluso “futbolín” como juego de mesa.

Claro que también hay quien puede ver en los anglicismos un deterioro o pérdida de los términos naturales; en este caso, y en los últimos tiempos con el incremento de vocablos informáticos y de redes sociales, cierto es que algunos de los oriundos han pasado a un segundo plano; ejemplos tenemos muchos, el usar “friki” ha hecho caer en el olvido “chiflado” o “extravagante”, el uso de “password” está dando al traste con “contraseña” o “clave”, “coach” está sobreponiéndose a “profesor”, “tutor”, “formador” –y este caso sí que me duele, porque las nuestras son, aparte de más bonita más instructivas-.

Voy a ir terminando con algo que en redes en muy utilizado; se ha españolizado “banear” que podría venir del término inglés “banns” (amonestar, prohibir), pero en este caso yo me voy a tirar por la tremenda y me voy a buscar la raíz “bandido”, y de ahí haciendo elucubraciones me paso a “contrabando” y “contrabandista”, que todo esto tiene cierta relación con el vivir cuasi fuera de la Ley, por esta razón yo prefiero terminar como empecé, con el buen uso de la palabra y sin que mi intención sea el que me “banneen” para no tener que estar fuera de la Ley.

Conclusión final, que siempre me quede la palabra, esté recogida o no en el Diccionario, ellos que las recojan y el pueblo que haga Gramática.

Acto segundo

Como se preveía, la segunda de abono para confirmar alternativa, acabó  como empezó, ni un solo trofeo en las espuertas, que en esta ocasión no apareció, la espuerta, ni para repintar las líneas de los tercios con cal blanca.

Lo que hubo fue una transfiguración y el coso taurino se convirtió en corral de comedias a modo de aquellos del siglo de oro español.

Como en el espectáculo anterior se agotaron las localidades, la platea abarrotada, las galerías intermedias al completo y el gallinero, que algunos despreciaron, con sus invitados preparados para el divertimento. La obra a representar “El alcalde de Zalamea”.

El primero en aparecer en la escena Pedro, el Pedro Crespo, aquel al que Calderón de la Barca le diera el papel de alcalde de Zalamea  y lo convirtiera en protagonista y personaje principal de la representación, el más importante. Su papel consistía en representa la obra dramática en cuestión, esa obra que se encuentra en conflicto y en la que el intérprete siempre trataba de buscar la solución del problema de buena manera. El personaje quería que el público se identificara con su papel e intentaba ponerlos a todos, por lo menos a la mayoría, de su lado. Como sabemos “La vida es sueño” que escribiría en otra ocasión el sacerdote madrileño.

El segundo en entrar en escena por orden de aparición fue Rebolledo.

Rebolledo es el personaje encargado de poner el toque cómico a la obra, tirando de la socarronería y queriendo aparentar gracioso cuando en verdad, a medida que su intervención se alargaba, esta se convertía en tragedia épica; entre sus objetivos estaba el del enaltecimiento de la soldadesca y querer justificar su papel en la representación como elemento principal, cuando el Rey le había dado la posibilidad de ser el protagonista y el hizo “mutis por el foro”.

Sin descanso para entremeses apareció Don Álvaro de Ataide.

El tal Álvaro es el capitán de parte de las tropas de Lope de Figueroa (militar que se aloja en casa de Pedro Crespo). 

Este personaje es quien en la obra calderoniana rapta, viola y abandona en el campo a Isabel (hija de Pedro Crespo). En esta nuestra representación a Don Álvaro le PODEMOS dar el papel de representar la soberbia y la ambición, lo que le lleva a cometer un acto cruel, desvergonzado y brutal. Incluso cuando Pedro Crespo es nombrado alcalde del pueblo intenta que page su pecado, y convencerle de que se case con su hija para arreglar el asunto; nuestro personaje tal cual aquel, se niega por parecerle humillante casarse con una villana, y sobre todo porque no le teme al castigo y cree encontrarse en poder de la única verdad. Previsible es que el destino, por la arrogancia y los desmanes cometidos, no lo quede sin castigo. Aunque en una parte de su representación cambió el papel de Lope de Figueroa por el de Celestina, aquella que en la obra de Fernando de Rojas hace el papel de trotaconventos ofreciendo su tálamo a Calisto y Melibea.


Un personaje que en la obra original no parece tener mucha relevancia es Don Mendo, en aquella se limita a ser pretendiente de Isabel, hija de Pedro Crespo, representando el papel de hidalgo noble y que con un trato cortes y educado quiere entrar a formar parte de la familia del alcalde; en este nuestro caso si adquiere relevancia al representar el papel de quien pone de su parte todo lo posible para que el drama no se convierta en epopeya. Esperemos, que igual que en la obra desaparece su importancia a medida que esta avanza, y las cuestiones se van tornando serias; en este nuestro caso, aunque solo sea por las ganas y las composturas, cuando se baje el telón salga a saludar entre los actores del reparto. ¡Uy!, aquí me ha traicionado las ganas de solución sobre los sentimientos. 

Algún que otro actor secundario también sale a escena y aparece entre bambalinas sobre el escenario; algún criado, el hijo de Pedro Crespo con su arrogancia por la juventud, el escribiente, los soldados con sus algarabías preconcebidas…, incluso en la vida real (Parlamento) parece haber un déficit de representación de mujeres igual al de la obra, aunque alguna “Chispa” con su toque socarrón y particular también se subió al entarimado.

Al final tuvo que aparecer Patxi Lope de Figueroa, en su papel de venerable conciliador, para poner un poco de orden entre los intervinientes ya que la soldadesca estaba empezando a tirar los chambergos al aire y sacando los pies de las alforjas, a lo que remedando a José Zorrilla por boca de su personaje Don Juan Tenorio, el más popular de los personajes del Romanticismo, verbalizó aquello de: “¡cúal gritan esos malditos! ¡Pero mal rayo me parta si en concluyendo esta carta no pagan caros sus gritos! Y se bajó el telón.

La cosa queda en que el Rey Don Felipe II (que casualidad ni que lo hubiera yo hecho a propósito) sea al final el que por su autoridad maneje las tramoyas y ¡a otra cosa mariposa! 


Teniendo este pendolista entre sus orgullos el de ser natural del lugar en el que se rodó, hace algún tiempo ya, el alcalde de Zalamea dirigido por Mario Camus y donde tenemos unos de los pocos corrales de comedias a imitación de los del siglo de oro, solo me queda terminar con la consabida frase, que aunque parezca escatológica, en el teatro parece ser que es augurio de buena suerte:


“Mucha mierda”.

Devuelto a los corrales

Hacía algún tiempo que no me sentaba delante del televisor para presenciar un espectáculo taurino. Este estaba siendo anunciado a bombo y platillo desde hacía bastante, se preveía que la diversión estaría asegurada, si bien, los trofeos que podrían cosechar los “maestros”, no parecían que fueran a ser muy en consonancia con las expectativas y con las ganas que tenía el público en general de que aquello terminara en puerta grande.

La plaza hasta la bandera, desde el tendido bajo a las andanadas, incluso el callejón tenía todos los burladeros ocupados.

El cartel, en esta ocasión, lo componían cuatro espadas; uno de ellos se exponía a tomar la alternativa, “Pedrito de Tetuán”; el que oficiaba de padrino y pasaría los trastes era “Callaíto de la Moncloa”; serían testigos de la ceremonia Pablo Manuel “Moraito” y Alberto Rivera “Riverita”.

Como corresponde en estos casos el primero en intervenir fue el “toricantano”, Pedrito de Tetuán; la faena como se esperaba, si bien se notaba que estaba más por utilizar la derecha y en redondos que irse por la izquierda con naturales, aunque intentó hacer su trasteo tocando todos los terrenos no consiguió que los tendidos de sol, más dedicados a la música y al alboroto, le dedicaran ni un solo aplauso, y eso que intentaba arrimarse, pero el terno quedó impoluto a la espera de la confirmación de la alternativa.

Quien hacía las veces de padrino, “Callaíto de la Moncloa”, aun siendo a la fuerza, salió al ruedo con la intención de hacer una faena de aliño y aunque su cuadrilla estaba al completo se notaba que estaba necesitando un último empujón para dejar paso a su sobresaliente. La faena estuvo plagada de pases de castigo con algún que otro desplante, se notaba que las últimas temporadas habían hecho mella en su estilo y que había abusado de los burladeros y del tancredismo.


El público esperaba la intervención del tercer interviniente, Pablo Manuel “Moraito”, estaba expectante con lo que pudiera ofrecer en su repertorio, si bien se preveía que intentara meter en el burladero al “toricantano” y obligarlo a saludar con él montera en mano. Vestía de corto, forma poco usual para ser su puesta de largo. Su faena, más que de conocimiento del arte de Cuchares, fue una demostración de puyazos y puestas en práctica de cómo poner banderillas en todos los terrenos, consiguió poner en pie a sus admiradores y que le pitaran los del tendido de enfrente.

El cuarto de los maestros en saltar al ruedo, aunque bisoño en la plaza, se le notó desde un principio que su intención era ayudar a quien se había arriesgado a tomar la alternativa, incluso haciendo con él algún que otro pase “al alimón” cuando le invitó a hacer un quite, dio un par de restregones y apretó contra la barrera a los de su suerte natural; procuró con buen aseo tanto con el capote como con la franela arrimar el toro a sus terrenos, sabiendo de antemano que corría el riesgo de quedarse con el estaquillador en la mano, como así fue.

Saltaron al ruedo otros sobresalientes y miembros de cuadrillas que se limitaron a hacer público lo aprendido en sus escuelas taurinas, incluso alguno se llevo trofeo en forma pico; mucho trasteo por bajo pero  sin riesgo, solo se apreciaba el querer  arrimar el toro a las tablas con intención de hacer doblegar al morlaco.

Los maestros abandonaron la plaza por la puerta de cuadrilla, cada uno de ellos acompañado por estas.

El Presidente bien, aunque en algún momento de la lidia tuvo que sacar algún pañuelo rojo para poner banderillas de castigo y al final terminó sacando el verde para devolver el toro a los corrales y emplazar en pocas horas a los mismo en el mismo coso para intentar terminar la faena y dar el espectáculo por concluido. Se espera nuevamente que cuelguen el cartel de: “no hay billetes”.

Refranero sabio

Cierto es que el refranero además de sabio tiene soluciones para todos los gustos, como los años bisiestos son cada cuatro, aunque a algunos desde hace tiempo nos parezcan dos, pues da como resultado refranes a tutiplén, de la larga retahíla de ellos me he quedado con aquel que dice: “año bisiesto, año siniestro”. ¡No me digáis que no nos viene al pelo!
De las muchas y variadas acepciones del término “siniestro”, si eliminamos que es aquello que utilizan las compañías de seguros para cabrear a sus clientes cuando estos tienen un verbigracia y éstas dan largas para evitar el reconocimiento del mismo; o aquella otra que relaciona el vocablo con todo lo referente al lado izquierdo, nos podemos quedar con aquello de “perverso, avieso y malintencionado”. ¡Verdad que nos viene como anillo al dedo!
El asunto es que no solo se refiere al mes que hace que el año sea más largo de lo habitual, no, los adjetivos se hacen extensibles a los 366 días, así que vayan ustedes acomodándose para los que nos viene encima, porque yo no cejo en mi empeño de no hablar de aquello que lo tienen que hacer otros, pero por largo que sea el año, más largos serán los desencuentros.
Hoy mis sufridos me vais a permitir una de asilados, pero no de refugiados humanos, no tengo yo ni capacidad ni el cuerpo para hacer un hueco en mi perorata para a quien les deberían hacer hueco más allá de donde lo hubiera; que lejos nos queda cuando algunos tuvieron que salir vía otros países por aquello de los enfrentamiento y el querer hacer rentables las empresas de mosquetones y lanzallamas; mejor lo dejo que me caliento y termino como este último artefacto de achicharrar.
Quiero referirme a esos refugiados que hemos ido dando asilo aquí en este nuestro terruño, que no estaría mal si esto no fuera en perjuicio de los oriundos.
Del primero que se empezó a sospechar, en época moderna, fue del cangrejo americano, esa especie alienígena que ha diezmado a nuestro cangrejo ibérico, y es que hasta el nombre me gusta más el nuestro, ¿será porque todo lo ibérico tiene un punto patriótico/cercano?, ¿o por aquello del regusto del entreverado? ¡»Entrevelao» que diría un paisano! De todo puede ser. Pues ahí anda el americano haciendo conquista y llevándose al huerto al nuestro. De cualquier manera una buena cazuela de cualquiera de ellos bien condimentada con su regusto a cayena y acompañada con el “vinate” de rigor, bien merece un “parlao”, bajo chabuco o a teja vana.

Lo que no le acabo yo de ver la punta es al camalote o jacinto de agua, que llaman otros para dulcificar el nombre; si para algunas cuestiones estamos defendiendo la globalización por aquello de los mercados y las comunicaciones, resulta que aquí nos ha cogido el toro, y una planta originaria principalmente del continente americano, leamos en este caso cuencas del Amazona y Plata, por aquello de la globalización de la temperatura de las aguas, se nos ha colocado en nuestros ríos, principalmente en el Guadiana; y aquí estamos sin saber qué hacer con ella, lo que parece ser que tiene propiedades depurativas para el agua donde se asienta, va en detrimento tanto de la flora como de la fauna de nuestras aguas, otra vez estamos a vuelta con lo ibérico y lo royal, que por cierto lo que hoy se conoce como carpa royal también en su época fue especie invasora, en este caso de Asia y traída según me cuentan, por los romanos, otros que también tuvieron el placer de invadirnos.

Pero a lo que iba, que el camalote campa a sus anchas por estas nuestras aguas, que desde aquí, Junta de Extremadura,  se le solicita al Gobierno Central que intervenga la UME (Unidad Militar de Emergencia) y desde allí responden que no está dentro de nivel requerido para estos casos; blanco y en botella, que pueden ser muchas cosas o ninguna. Vendrá alguien que sea capaz de transformar el camalote en algo rentable y entonces desaparecerá y lo robaran como hacen con las aceitunas, sino al tiempo.

¡No penséis que he terminado con la invasión de exóticas! Lo penúltimo es la “almeja asiática”, ¡es que nos cogen por todos los lados! Esta “cosita” que dicho así se podría servir para preparar un buen arroz bomba, también de las Vegas del Guadiana, resulta que me trae a mal traer a los regantes del mismo; su larva al ser diminuta se introduce por entre las acequias y tuberías obstruyendo estas, con el consiguiente perjuicio y deterioro de las infraestructuras, y ahí tenemos a nuestra CHG (Confederación Hidrográfica del Guadiana) y a sus regantes buscando soluciones para su erradicación. Y eso que todavía no ha aparecido por estos lares lo que se conoce como “mejillón cebra”, otra especie intrusa y que nada tiene que ver con el popular “mejillón colorao”; estaremos a la expectativa.
Si de comida, mesa, mantel y esnobismo hablamos, qué me dicen ustedes de esa costumbre reciente, pero viral que se dice ahora, de hacer fotografía con el teléfono móvil de todo lo que se pone sobre mesa y mantel, a esto lo llamo yo «gastrofoto».
Permitidme ejemplo particular, pero que seguro que a todos ustedes les ha ocurrido, sino es que lo practican también, yo no soy mucho de ello por no decir nada. En un local de restauración con la familia, recientemente, observaba que de cuando en vez una luz de flas iluminaba la estancia, pensé  lo que todos imagináis, alguien está haciendo fotografía de los platos y bebidas para mandar vía wasap (aquí tenemos otra intrusión, en este caso del lenguaje) a sus contactos, pero lo que no imaginaba es que al girarme me lo encontré subido en la silla haciendo las fotografías en formato cenital. ¿Qué no se lo creen?, yo tampoco me lo creía, de hecho pensé que eran los efectos del de Ruedas; pero nada, allí estaba el buen señor, móvil en ristre, más alto que ancho pegando fogonazos cual Buster Keaton en “El maquinista de la General”.
Ni que decir tiene, que con eso de llevar el “internete” adherido al índice nos ha hecho perder hasta el gusto de las discusiones largas y dejarlas pendientes hasta el día siguiente; ahora siempre aparece alguien que se calla, agacha la cerviz, busca en el buscador de buscadores y ¡zas! en todo el morro, se fastidia la discusión y para celebrarlo otro lingotazo.
Refranero de bisiesto: “año bisiesto, ni aquello ni esto”.
Para terminar sin discutir, como empecé, pongo mi fin.

Pensamientos conmigo mismo

Esta semana he estado un poco “mimosón”, tanto es así que mi perorata va a ser más de los sentimientos y placeres del cuerpo, que por el nutrir del alma.
Todo esto me viene motivado por una reflexión, que yo solito, he estado mascullando en los últimos días. Resulta que el susodicho una vez desayunado, se sienta cada día delante de la pizarra digital y, enlace por aquí, enlace por allá, se mete entre hemisferio izquierdo y hemisferio derecho, del cerebro claro, más de un titular de prensa y algún que otro artículo completo, eso sí, procuro que haya diversidad de editoriales, sobre todo para no intoxicarme y que la bilirrubina no tome valores fuera de rango; esto último es como consecuencia de haber pasado la ITV esta misma semana y provocar en mi fuero interno una asociación de ideas; como siempre, chapa y pintura aceptable, la refrigeración y la junta de la trócola habrá que seguir engrasándola, he tenido momentos más complicados.
A lo que iba que me enrollo como un repollo.  Que quería yo decir, que con tanto atiborramiento de noticias, al final me da a mí, que ese exceso que digerimos de una forma compulsiva, lo que consigue es el efecto contrario a lo que debería ser, nos hemos creados una cantidad de anticuerpos informativos que ya no le damos la importancia que algunas de estas noticias requieren.
No es que yo sea mucho de telediarios, pero cierto es que cualquiera de ellos es como el antiguo periódico “El Caso”; entre la corrupción, las negociaciones que no se negocian, las llamadas a comparecer a los juzgados por una y otras causas, aunque estas sean prediluvianas, aquellas otras donde está la flor y nata de la aristocracia, los florecidos, perdón aforados…, ¡en fin! para que seguir si la mayoría de todos las sufrimos; pues eso, que es tanto el atiborramiento a que nos tienen sometido que antes de que hayamos asimilado la penúltima ya están con otra de mayor calado, no te digo nada si haces un zapping, entonces es mejor ponerte las cintas de vídeos que tienes guardadas en el baúl con los viejos programas de “La bola de cristal” o “El chavo del 8”, todo esto a expensa que algún vecino no te denuncie y tengas tú también que ir a los juzgados por aquello de enaltecimiento de no sé qué.

Ya decía que esta semana había estado plagada de sentimientos y momentos de emociones. Uno de ellos se produjo el jueves; había sido invitado por la “Asociación Musical Cacereña” a un concierto de un cuarteto de flautas, el “Trío Aines con Ana María Rodríguez”, así que el trío se convirtió en cuarteto; en otras ocasiones ya había asistido a alguna actuación del trío, con la incorporación de una cuarta flauta, el repertorio ha ganado, tanto en la calidad de las obras como en la diversidad de las piezas. Aquí los sentimientos estaban como el cerebro, partido, por una parte la proximidad de amistad con una de las componentes del grupo, Cristina, y por otra parte, que cada vez que asisto al aula de cultura “Clavellina”, donde se celebró el concierto, me afloran huellas de lo que fue y que en la actualidad solo queda este pequeño remanso de cultura y musicalidad. Me estoy refiriendo, a que el minúsculo pero entrañable escenario sigue estando coronado por el anagrama de “Caja de Extremadura”, que como Fundación sigue aportando su granito de arena a la cultura cacereña. ¿Qué fue de mi caja, ¡madre mía!?
Si tuviera que hablaros del concierto seguro que no sabría transmitir lo que allí sonó, ahora bien, me hizo reflexionar que cómo una pacense, una aurgitana, una pamplonica y una cacereña con unas hojas pentagramadas y unos chirimbolitos en negro, sean capaces de ponerse de acuerdo y hacer sentir y transportarte a un bosque encantado o hacerte mover los pies al ritmo de una pieza arabesca.
Al salir del concierto y sentir el frío de la noche gélida en la cara, volví a la realidad y me vino a la memoria una pregunta, ¿cómo estas músicas son capaz de ponerse de acuerdo con ese lenguaje internacional que es la música, y otros que llevan no se cuanto tiempo reuniéndose y haciéndose proposiciones no son capaces ni de sentarse a hacer un bien por los demás? ¡Está claro!, ellas utilizan el mismo código, los otros cada uno el suyo, ¡qué lástima de esperanto! ¿Seguirán todavía en las nubes?
Deseando estaba que llegara el sábado, de entre las muchas relaciones que uno tienes, aquí en mis posesiones de invierno, mantengo amistades por varios motivos; la música (aquí entran  el folklore, el flamenco, el conservatorio…), por aquello de las ideología, por lo de defender derechos…, y la de la amistad en el sentido más limpio y diáfano de la palabra.
Con un grupo de amigos tenemos la sana costumbre de “cai cuandu” juntarnos a tomar las cañas, lo que en otros sitios son “las onces” o “el vermut”, casi siempre unas cañas con ellos acarrea un nuevo compromiso, así surgió una especie de cofradía gastronómica en la que cada quisqui nos deleita al resto de los componentes con la especialidad de la casa. Os propongo acertijo fácil; mes de febrero, después de San Blas, descendientes rayanos y catovis, verdura de temporada, parte del estómago del cerdo en el que se embucha de todo…, no sigo por ahí que se me hace la boca fosfatina, pues sí habéis acertado; en esta ocasión berzas con buche; eso sin contar los antes y los “despueses”. Como la cosa era lenta de digerir se tuvo que regar bien por aquello que facilitar la absorción de la materia grasa; ¡excelente! tanto por lo productos como por la elaboración ¿y qué decir de la compañía? ¡Nada! La cena liguerita, uno huevos fritos con patatas al mismo modo y alguna que otra entrada y salida.
¡No me diréis que hoy no he estado condescendiente con vosotros, si hasta os he perdonado las cosas poco buenas a las que os tengo mal acostumbrados!
Gracias, de la resaca me estoy recuperando, no os preocupéis.

Volver a cruzar los Pirineos

Con la unción de la ceniza aún fresca, entrado por ello en tiempo de cuaresma y recogimiento, a este pendolista no es que le preocupe mucho que será de él cuando esté, ya no con un pie en el estribo, sino cabalgando, donde ocuparé un espacio material; me preocupa más el seguir ocupando algún bite en la memoria de quien me quiera recordar. 

Ahora bien, dicho esto con ánimo de que ello ocurra cuanto más distante en el tiempo mejor, sí que me da un poco de envidia aquellos que no pueden usar la consabida frase de “no tener dónde caerse muerto”; no penséis que estoy falto de ganas de vivir, como ya he dicho siento mucha envidia, pero no de la buena, no, esa que se dice tiñosa, el envidiado es un tal Mansour bin Zayed, a la sazón jefe y señor del Club de fútbol Manchester City; el motivo muchos ya lo sabréis, pero yo os lo voy a refregar para ver si también alguno se apunta conmigo al clan de los envidiosos. 

El jeque Mansour bin Zayed, miembro de la familia real de Abu Dabi, ha adquirido una finca de 8.200 hectáreas en el término municipal de Valencia de las Torres, una localidad del sur de la provincia de Badajoz donde viven alrededor de 700 vecinos.
Se dice, que el jeque ha pagado 55 millones de euros por la finca, ha comentado a Efe el alcalde del pueblo, Valentín Pérez.
Mamsour bin Zayed, es el undécimo hijo del emir Zayed bin Sultan Al Nahyad (1918-2004).

Por la finca adquirida, de nombre «Los quintos de San Martín»,  han pasado personalidades como: el propio Juan Carlos I, Emilio Botín, los Albertos y algún jeque, entre otros. El motivo lo podéis imaginar.


«Los quintos de San Martín» ha sido propiedad hasta ahora de la familia Mora-Figueroa, que dedicó la explotación de la misma al ovino y a la caza principalmente, está cruzada por el río Matachel, agrupa un total de 14 cortijos y daba trabajo a 70 personas. Actualmente, son cerca de 30 empleados los que siguen trabajando en la misma, principalmente en labores de mantenimiento y vigilancia ganadera y ambiental. De entre las primeras medidas que quiere tomar el nuevo inquilino está la de la construcción de un pequeño helipuerto.
No me digáis que no es para tenerle envidia, y encima dirá que “no tiene donde caerse a echar una siesta”.
En cambio a otros se les va a prohibir hasta lo más elemental que recoge la otrora Ley de Leyes en el ámbito laboral. Me estoy refiriendo al Estatuto de los Trabajadores y concretamente al derecho de huelga, que además está refrendado en nuestra manida, vilipendiada y con derecho a renovarse Constitución Española y recogido su procedimiento en Real Decreto-Ley 17/1977.

La ocurrencia ha venido de la Dirección del Metro de Madrid en documento pasado a la “parte social” (sindicatos) con motivo del comienzo de la negociación de un nuevo convenio para la empresa. Si polémica es esta propuesta de comienzo de negociación no menos lo es la eliminación de algunos de los «conceptos extrasalariales», como los 50 euros que reciben los trabajadores por trabajar los festivos de Navidad o la indemnización de 12 euros que obtienen por acudir a un reconocimiento médico fuera de su jornada laboral. Eso sí, estás medidas afectan a todos los trabajadores de la empresa menos a la Dirección: “chupa del frasco Carrasco”.
Y es que los poderosos no se cansan, leo: “ Polémica en Rusia por la boda de la exmujer de Putin, Liudmila Pútina, con un hombre 20 años menor que ella. El reportaje de la televisión rusa que dio la noticia fue retirado de la programación ante la polémica generada”.
La noticia que puede tener cierto cariz amarillista no lo es tanto cuando se trata de ocultar a través de los medios públicos la información que afecta a los poderosos.
¡Bueno eso nos queda muy lejos! diréis algunos, pues ¡agárrense que vienen curvas! Os cuento este cuento: “la televisión pública francesa estrena es horario de máxima audiencia (20:55) una biografía  de nuestro anterior Monarca, Juan Carlos I, en la que repasa su vida y su reinado”. Por el contrario TVE, la de todos nosotros, igual que Putin, ha vetado su programación basándose en que se trata de un rey que ya no es rey; y aun siendo coproductora del documental no tiene prevista su emisión, ¿será “realmente” ese el motivo?
Esto me ha hecho rejuvenecer unos cuantos de quinquenios, cuando allá por los primeros años de la decena de los 70 del siglo pasado, muchos españolitos tuvieron que cruzar los Pirineos si querían ver la película de Bernardo Bertolucci, protagonizada por el señor Brando, “El último tango en París”; o aquella otra archiconocida “La naranja mecánica”.
Estas cosas al final me hace reverdecer recuerdos y también, y lo que es peor, ganas de exiliarme a Martes en el primer viaje programado.
¿O tendremos que cruzar otra vez los Pirineos?

Orgullo de pensionista

Estos últimos días me encuentro subido de ánimos, todo debe influir; por una parte la fiesta más carnal del año, esa que de alguna manera te hace subir la libido -¡ojo! no confundir con lívido-, el comprobar que la luz natural va tomando tintes primaverales –otra que la sangre altera- y estamos pasando la hoja de la estación oscura y de recogimiento; pero sobre todo lo que verdaderamente me ha hecho que llame a mi psiquiatra para anular la cita programada, es el desmesurado aumento de mi pensión de jubilación, un 0, 25 %, ¡ahí es nada!, de la que ya os adelanté alguna cuestión. En cuanto he notado en mi cuenta bancaria la subida mensual, he llamado a la familia para invitarlos a todos a lo que quieran, lo de pagar ya es otra cosa, pero un hecho así no desmerece.

Lo anterior voy a intentar explicarlo. Toda persona humana o individuo –con perdón por el pleonasmo-  tiene dos partes claramente diferenciadas, el cuerpo y el alma. El cuerpo es esa parte un tanto gandula y derrochona que siempre está pensando a ver que se le antoja para llevármelo al coleto o darse un homenaje; ella es calculadora, etérea, siempre valorando lo bueno y lo mejor; así estaba yo estos días en un sin vivir; él andaba algo antojadizo y para darle a ella justificación de lo que se le venía encima intentó justificar el porqué. ¡Mira!, le dijo, tú que siempre andas diciendo que yo podría haber sido banquero y así no tendrías problemas con el peculio, resulta que un tal Francisco González, a la sazón Presidente del BBVA solo le han subido la pensión 1,50 % más que a mí, ¿y eso cuánto es?, preguntó ella; pues no mucho, pero te lo voy a decir: el tal señor González, ganó 3,77 millones de euros en el 2015, un 1,75 % más que un año antes, cantidad a la que podrá sumar un variable diferido en acciones que elevaría su retribución hasta 5,6 millones de euros…” Yo para autoconformarme me he dicho  ¡”Pues tampoco es tanta la diferencia! Pero por la cara que puso la doña me parece que no le he convencido.

Como aún me queda alguna sisa para poder seguir comprando al papel, y lo hago, leo que a aquellos que están dilapidando las arcas públicas después de haber cotizado y encima se dedican en su senectud a esa cosa de la Cultura (escribir, pintar, componer, hacer cine) les están obligando a elegir: o hacen como cualquier buen ciudadano cobrar y pasear, o dejan ese vicio de querer culturizar a todo un país, ¡son unos incorregibles! La pregunta de rigor ¿Qué hubiera llegado hasta nosotros de la Cultura Griega, del Siglo de Oro o la Generación del 27 si también les hubieran obligado a elegir entre comer o hacer Cultura? ¿Cuántos de esos han muerto en la más vasta indigencia por el solo hecho de dedicarse a alimentar nuestras almas? ¿Y para esto quieren algunos amigos míos jubilarse? ¡Valiente despropósito!

Hoy me ha dado la cosa por eso de la economía, y es que además, éste, es otro motivo más de regocijo y dispendio, ¿o no lo es el que eso que hace algún tiempo no sabíamos nadie que era y en los últimos tiempos estábamos todos pendiente de si subía o bajaba? No, no me estoy refiriendo al petróleo que son palabras mayores, la referencia que dirían los duchos es en materia de Euribor; desde el 5 de febrero  se ha colocado en tasa negativa -0,002 %; rápidamente he llamado a mi prestamista (banco) para que me empiece a abonar en mi Plan de Pensiones los réditos correspondientes, pero claro todas las noticias no podían ser buena, quien me ha atendido, nunca es el director cuando vas a reclamar, lo primero que se le ha escapado ha sido una carcajada, a renglón seguido se ha tirado conmigo por teléfono más de 15 minutos para decirme al final que “verdes las han segado”; ahora empiezo a entender aquello que comentaba más arriba de lo que cobra un tal Francisco González.

Ya decía al principio que hoy me encontraba yo eufórico y la cosa no es para menos. Aquello que en algunas manos, muchas, y sobre todo porque están creadas para ello, las armas; esas que si no son manejadas por mentes asesinas es una cosa inerte, cuando el ser humano quiere hacer con ellas algo diferente, incluso llegan a ser útiles para la sociedad, ahora paso a explicaros:
Un creador mejicano, Pedro Reyes, allá por 2008 puso en marcha una iniciativa para recoger armas en Ciudad Juárez (México), donde la muerte y las armas campan a sus anchas; consiguió recoger más de 1.500 artefactos de matar para fundirlos y convertirlos en palas con las que se sembraron otros tantos árboles, consiguiendo transformar un instrumento de muerte en instrumento de vida.

Recientemente este mismo artista ha puesto en marcha otro proyecto, en este caso le ha dado el nombre de “Imagine”, tal cual la canción que compusiera el miembro de “The Beatles” John Lennon, y que consiste en recopilar armar y convertirlas en instrumentos musicales, ni que decir tiene que la banda sonora del programa es esa misma composición y que aprovechándome de ella voy a poner un par de estrofas para terminar con el mismo optimismo que empecé esta mi perorata carnavalera. 

Nada por lo que matar o morir,
ni tampoco religión.
Imagina a toda el mundo,
viviendo la vida en paz (…)


(…) Puedes decir que soy un soñador,
pero no soy el único.
Espero que algún día te unas a nosotros,
y el mundo será uno solo.

Cultura con chador

En una de mis últimas monsergas levantaba mi voz, perdón el “chas-chas” del teclado, contra lo que a mí me parecía como poco una bagatela, que por aquello de querer ser políticamente correcto se estaba cayendo en una excesiva ñoñería, -aquí podría haber utilizado otro adjetivo, pero pongo ñoñería para reivindicar la ñ- y queriendo no ofender a unos cuantos se agravia y se desvirtúa lo que hasta no hace mucho era de general complacencia y aprobación; me estoy refiriendo a los cambios de títulos de cuadros y obras de artes en Museos en las que aparecen palabras que determinan la condición de las personas, y que sus autores, en aquel momento, titularon sus obras así, en función del momento y de lo que ellos veían, expuesta aquella mi queja, y mi parecer, lo dejo y paso a continuación a largaros otra cháchara sobre asunto análogo.   


Estos días atrás visitaba Italia el Presidente iraní Hasan Rohani. En principio la visita tenía un carácter puramente economicista, no en vano se llegó a un acuerdo en contratos de 17.000 millones de euro en inversión, para agasajar tal derroche al mandatario persa se le ofrecía una visita cultural a los Museos Capitalinos y evidentemente la correspondiente comida de honor y protocolo.

El primer ministro italiano, Matteo Renzi, más ancho que largo, la cosa no era para menos, estaba dispuesto a cualquier cosa con tal de complacer a su “invitado” y darle gusto. Así que emitió las órdenes pertinentes para que aquellas obras de artes que mostraran partes pudendas y pudieran molestar a los invitados en su paseo por el patrimonio y la cultura romana, fueran ocultadas para evitar un no sé qué, que yo tampoco sé explicar.

Pues diré una cosa, mayor agravio que se le ha hecho al pueblo italiano, a su historia, a su cultura, y al arte en general no cabe. Pero la ocasión la pintaban calva.

En la correspondiente cena oficial también como cortesía no se sirvió ni vino ni ninguna otra bebida alcohólica; y todo ello por unos cuantos milloncejos de euros.

Me pregunto: ¿en algún momento de la visita se hablaría de la pérdida de derechos humanos en otros países? ¿O de aquellos que aún tienen vigente la pena de muerte? Me contesto yo solo: ¡me parece que no!

Para terminar con este escabroso pero rentable asunto, permitirme una anécdota particular. Siendo este vuestro pendolista responsable de Formación en una organización sindical a nivel regional, y a la vista del incremento de población extranjera en una localidad del norte de la Provincia de Cáceres, intenté montar cursos de castellano para aquellos que se habían asentado masivamente al pairo de trabajo agrícola, después de algunas reuniones con sus líderes y representantes me propusieron que en lugar de ellos aprender nuestra lengua se les enseñara a los nativos de la localidad su idioma; a eso se le llama endoculturación, así que cogí mis bártulos y los dejé al libre albedrío.

Cambio de tercio y no por ello menos espinoso, leo: “un menor agrede a sus padres por no comprarle un móvil”. 
En principio me resultó, como mínimo, alarmante; el muchacho de 16 años, furioso, al no conseguir su teléfono destrozó parte de los enseres de la casa. Una vez entrado en harina y analizando la situación general, uno puede llegar a plantearse si al joven en cuestión no le pasa lo mismo que a otros nos pasaba cuando no podíamos optar a tener una bicicleta nueva, un balón de reglamento o cualquier otro juguete que hiciera furor por nuestra época. ¿Se puede entender como un caso aislado y particular? Yo no me atrevo a tal aseveración; puede ser un cúmulo de circunstancias, la pérdida de valores y respeto, el estar acostumbrado a pedir y conseguir, el tener dependencia de la pantalla (sufrir nomofobia)… Luego está la parte más social, aquella que los adolescentes utilizan y que con ella hacen chantaje emocional haciendo ver a sus padres que el móvil es un elemento de seguridad en muchos casos, que el no tenerlo es un símbolo de pobreza tecnológica, incluso la autoculpabilidad que genera en los padres al no poder acceder a la petición…; no es fácil, lo reconozco, no me encuentro en esa circunstancias por cuestión generacional, pero en un escalafón más bajo lo veo casi a diario, el exceso de dependencia de las tecnología en edades en las que debería ser un recurso puramente educativo y nunca de recreo, pero ¿quién de los que usamos estos endiablados avances se atreve a hacer una dieta de adelgazamiento tecnológico y estar durante un mes sin ver una pantalla y un teclado?, lo reconozco, ¡yo, no! Hubo una época en que los libros se quemaban o eran escondidos en monasterios para que el vulgo no pudiera acceder a ellos, tengo en el asunto el corazón “partío”. 

De lo penúltimo que se está imponiendo por aquello de acaparar y guardar información y que yo llamo “síndrome de Diógenes de datos” es el uso de la nube, yo también lo padezco.

Como hoy no he hablado de política y de posibles pactos y gobierno, terminaré con una pregunta/reflexión: ¿no padecerán también nuestros políticos el Síndrome de Diógenes de datos y estarán todos en la nube? ¡Bajen por favor, los estamos esperando!

Nosotros a lo nuestro

Estamos en un sin vivir que cualquier día de estos a alguien le va a dar por decir que quiere ser presidente de este país y no nos lo vamos a creer. Hay que ver los cocinillas de la política lo bien que se le da hacer tortillas de patatas, y digo lo de la tortilla, porque no la hay, con o sin cebolla, que no necesite un par de vueltas antes de estar terminada. ¡Pues eso, que aquello de “donde dije digo, digo Diego”! Como se dice ahora es lo más viral del momento, que también podría haber dicho que se ha popularizado, pero por aquello de estar al día.

Nuestros elegidos están enfrascados, cual diablo cojuelo en su redoma, en buscar soluciones, las mejores, en unos casos personales y en otros de su marca; pero en el vulgo no, para eso ya están otros.

Y de esos otros “hablerlos haylos”, otra cosa es que haya que rebuscar, -y no precisamente aceitunas que diría mi amigo “el hortelano impertinente”-; de esos permitirme que os palabree algunas cuestiones.

Según una ONG, ¡”ya estamos con los niños de papa aburridos, que diría aquel”!

Intermón Oxfam ha presentado recientemente estudio en el que se detalla que en el mundo, 62 personas tienen tanto dinero como 3.600 millones de otros que también lo son; esos elegidos, 62 congéneres, tienen tanta riqueza como la mitad de los más pobres del planeta. Dice también que en los últimos 12 años la brecha entre ricos y pobres se ha ampliado dramáticamente, alcanzando cotas insoportables y calificando el sistema como distorsionado y que favorece a los que más tienen.

Continúa el demoledor informe revelando que los “superricos” tienen 7.600 Billones de dólares en cuentas de paraísos fiscales; ¡y yo enfadado porque me cobran 12 euros de comisión en mi cuenta bancaria!

Pero no solo que los que más tienen estén más mejor, es que los más peores, los pobres, apunta Oxfan, las “riquezas” del 50 % de estos, han descendido un 41 % entre 2010 y 2015. Igualmente dice el estudio que el ingreso promedio anual del 10 % de los pobres ha aumentado menos de 3 dólares, sí han leído bien, 3 dólares al año en los últimos 25 años, ¡pues estarán contentos porque podrían haberles salido a devolver!


Llegado a este punto pensaréis que con la que tenemos nosotros en España ahora nos viene este pendolista con esto, pues para vosotros también tengo.

Aquí, en nuestra piel de toro, los 20 españoles más ricos poseen un patrimonio de 115.000 millones de euros, que es lo mismo que tiene el 30 % de los más pobres del país.

Apunta que la desigualdad ha crecido “de manera alarmante” en los últimos años, con 13,4 millones de personas en riesgo de exclusión en el año 2014 (el 29,2 % del total de la población).

Detalla también el extenso informe, que España es el país de la OCDE en el que más ha crecido la desigualdad desde el inicio de la crisis, tan solo por detrás de Chipre y superando 14 veces a Grecia; en 2015, el 1 % de la población concentró tanta riqueza como el 80 % de los más desfavorecidos. 
Entre 2007 y 2014, el salario medio español se desplomó un 22,2 %. Los hogares más pobres son los que han sufrido una mayor caída de los ingresos durante la crisis, y el salario de los más ricos es 18 veces superior al del 10 % de los que menos ganan.

recogida banco de alimentos


¡Alégrense de que estemos a punto de salir de la crisis!

Todos estos datos se han puesto sobre la mesa recientemente en la Asamblea Anual del Foro de Davos; seguramente sacarán conclusiones y más mesas de trabajo para el estudio de los datos, pero me pregunto ¿sacarán alguna solución al margen de las conclusiones? ¿se volverá endémica esta desigualdad? El año que viene por estas fechas, a ver si somos capaces de hacerle el seguimiento pertinente.

De cualquier manera siempre habrá algún flequillo de esos que nos alumbran en las tertulias políticos/sociales y que siempre quieren tener “La Razón” que nos suelte: “la desigualdad genera riqueza” y luego tira la pregunta al aire: “¿Quién pasa hambre en España?, ¡Que me lo presenten!”.

Lo que decía, y mientras tanto nosotros sin saber si son galgos o podencos, a ver si para la próxima gacetilla puedo ir aclarando mis ideas. Nosotros a lo nuestro.


Por no ser todo negativo os voy a regalar una “posdata”: lo que menos se esperaba su Señoría es que la neófita de un toreador ocupara más espacio en las redes y plasmas que el suyo propio, claro que ella era toricantana y él maestro consumado, ¡va por usted maestro! 

Yo hice Ingreso

Existe por las redes digitales, un movimiento que reivindica la EGB como modelo de estudio. Aquella Ley sobre método de estudio que fue aprobada en 1970 siendo Ministro del ramo José Villar Palasí.

Yo que no la estudié me voy a permitir reivindicar el Ingreso.

El ingreso era un compendio de estudios que te permitía acceder a la educación voluntaria de la época, en este caso lo que se conocía como Bachiller Elemental, que consistía en cuatro cursos y la Reválida de 4º y posteriormente el Bachiller Superior, sexto y reválida, en este ya se elegía entre ciencias y letras.

Si bien durante los bachilleratos existía un plan general de estudios que contenían asignaturas programadas (matemáticas, física y química, formación del espíritu nacional -total ná la papeleta-, francés, latín…); el ingreso era una acumulación de conocimientos en base al saber y entender de quien lo preparaba.

A mí me preparó, como a otros muchos, mi maestra (que hermosa palabra) Doña Julia. Si me pusiera a escribir aquí los recuerdos de aquel periodo, seguro que a unos los aburría, a otros le sonaría a chino, habría a quien le despertaría cierto sentimiento de nostalgia…, pero no, voy a dejarlo para otro día; solamente haré una pequeña mención que será la que me dé pie para desarrollar mi correspondiente matraca.

Uno de los libros que utilizábamos era la enciclopedia Álvarez en sus distintos niveles, amén de los múltiples mapas colgantes que cubrían las imperfecciones de las paredes, en los que aprendíamos geografía con aquella declamación cantarina que aún seríamos capaces de decirla de corrido. Una de las materias era estudiar los distintos aspectos de las “razas del mundo” y aquí aprendíamos aquello de blanca, negra, amarilla, cobriza y aceitunada; cierto que la división estaba basada en el color de la piel y no en ningún otro matiz científico ni antropológico.


Bien, entendiendo esto como preámbulo paso a exponer algo que los últimos tiempos, no es que me quite el sueño, pero es cierto que no comprendo, ¿será que me quedé en el ingreso?

Estos días atrás leo en un periódico, en su sección de cultura lo siguiente: “El Rijksmuseum de Ámsterdam modificará en 2016 hasta 300 títulos de obras para evitar palabras consideradas conflictivas como ‘negro’, ‘enano’, ‘moro’ o ‘mahometano’…”

Se refiere el artículo a los títulos de los cuadros del citado museo y que en su día fue el que le puso el autor de la obra. Igualmente tiene esta intención el Museo Antropológico de Madrid.

Ahora yo me pregunto si esto va a ser una tónica general ¿se va ha hacer lo mismo con otras obras de arte? Por solo poner algún ejemplo, todas aquellas canciones, poemas, libros…, que lleven la palabra negro, gitano, mahometano… ¿también van a ser modificadas? Pues ya tiene trabajo la SGAE y las Academias, tanto las que son reales como las que no.

Iros acomodando al asunto:
¿Os imagináis a un tal Antonio Machín con otra letra que no sea aquella de: “Aunque la virgen sea blanca píntame angelitos negros, que también se van al cielo todos los negritos buenos…” O que tuviéramos algún problema diplomático con nuestros vecinos por aquello de: “Y se ríen alegres de los mostachos y de los morriones de los gabachos”?
Podríais pensar que esto está muy atrás en el tiempo; sí, tenéis razón pero menos antañón que eso y pecando con algún que otro asuntillo, Sabina también tendrá que cambiar aquello de: Sentados en corro merendábamos besos y porros y las horas pasaban deprisa entre el humo y la risa… 
“¡Este es un irreverente!” me diréis algunos, a lo que yo os contesto ¡hombre pero Perales, el conocido como “el lágrimas” también tendrá que darle una vuelta a lo suyo! Cantaba aquello de: “y los muchachos del barrio le llamaban loca y unos hombres vestidos de blanco le dijeron ven, y ella grito no señor yo no estoy loca…”, aquí el término despectivo tiene que ver con cómo le ponemos ahora al término loca para que rime y tenga la métrica correspondiente.

Este que os pongo ahora entre su procedencia y lo que dice, seguro que es ajusticiado, me refiero a Serrat y la letra de su “Fiesta”: “Y con la resaca a cuestas vuelve el pobre a su pobreza, vuelve el rico a su riqueza y el señor cura a sus misas. Se despertó el bien y el mal la zorra pobre al portal la zorra rica al rosal y el avaro a las divisas…” ¡Te has caído con el equipo amigo Juanma!

No solo los términos vamos a tener que cambiar, también la intención; canta Ana Belén: “lías tus miradas a mi falda por debajo de mi espalda y digo yo que mejor que el ojo pongas la intención, líame a la pata de la cama, no te quedes con las ganas…”
¡Inculto, estos son todos unos incultos! Ahí va una de cultura: aquella zarzuela que se mete con las gitanas y agarenas como si nada: “Mujer de perfil gitano, que tiene sangre agarena (esclava de Abrahan), mujer de cuerpo pagano, eres llama, verso y flor…”
La Ópera también tiene su pecado racista, en la habanera de “el amor es un pájaro rebelde” de Carmen de Georges Bizet se escucha: “El amor es un niño gitano, que jamás conoció la ley…”
Si la sensiblería con los menores también hay que modificar, ejemplo con uno basta: “Niño, deja ya de joder con la pelota. Niño, que eso no se dice, que eso no se hace, que eso no se toca…” 
¡Ay mi Miguelillo, el de Molina! como se las apañaría para cantar “La bien pagá”: «Na te debo/na te pio/me voy de tu vera orviame ya/que he pagao con oro tus carnes morenas/no maldigas paya que estamos en paz…” Otro ajusticiado, este por varios motivos.
Lo de los gitanos es punto y aparte, el trabajo que va a llevar, voy terminando con una canción no muy antigua pero de gran éxito. “Hijo de la Luna” de Mecano: “Tonto el que no entienda/cuenta una leyenda/que una hembra gitana/conjuró a la luna/hasta el amanecer/llorando pedía/al llegar el día desposar un calé…”


Termino por aquello del tedio, voy a proponer una iniciativa popular, no sé si legislativa o ilegal, para recoger firmas y cambiar el nombre a la obra de aquel tal Lorca y que no se lo ocurrió otro nombre que “romancero gitano”.
Lo que digo ¡si es que me quedé en el ingreso!