Acto segundo
Devuelto a los corrales
Refranero sabio
Pensamientos conmigo mismo
Volver a cruzar los Pirineos
Con la unción de la ceniza aún fresca, entrado por ello en tiempo de cuaresma y recogimiento, a este pendolista no es que le preocupe mucho que será de él cuando esté, ya no con un pie en el estribo, sino cabalgando, donde ocuparé un espacio material; me preocupa más el seguir ocupando algún bite en la memoria de quien me quiera recordar.
Ahora bien, dicho esto con ánimo de que ello ocurra cuanto más distante en el tiempo mejor, sí que me da un poco de envidia aquellos que no pueden usar la consabida frase de “no tener dónde caerse muerto”; no penséis que estoy falto de ganas de vivir, como ya he dicho siento mucha envidia, pero no de la buena, no, esa que se dice tiñosa, el envidiado es un tal Mansour bin Zayed, a la sazón jefe y señor del Club de fútbol Manchester City; el motivo muchos ya lo sabréis, pero yo os lo voy a refregar para ver si también alguno se apunta conmigo al clan de los envidiosos.
Por la finca adquirida, de nombre «Los quintos de San Martín», han pasado personalidades como: el propio Juan Carlos I, Emilio Botín, los Albertos y algún jeque, entre otros. El motivo lo podéis imaginar.
«Los quintos de San Martín» ha sido propiedad hasta ahora de la familia Mora-Figueroa, que dedicó la explotación de la misma al ovino y a la caza principalmente, está cruzada por el río Matachel, agrupa un total de 14 cortijos y daba trabajo a 70 personas. Actualmente, son cerca de 30 empleados los que siguen trabajando en la misma, principalmente en labores de mantenimiento y vigilancia ganadera y ambiental. De entre las primeras medidas que quiere tomar el nuevo inquilino está la de la construcción de un pequeño helipuerto.
Orgullo de pensionista
Nada por lo que matar o morir,
ni tampoco religión.
Imagina a toda el mundo,
viviendo la vida en paz (…)
(…) Puedes decir que soy un soñador,
pero no soy el único.
Espero que algún día te unas a nosotros,
y el mundo será uno solo.
Cultura con chador

Estos días atrás visitaba Italia el Presidente iraní Hasan Rohani. En principio la visita tenía un carácter puramente economicista, no en vano se llegó a un acuerdo en contratos de 17.000 millones de euro en inversión, para agasajar tal derroche al mandatario persa se le ofrecía una visita cultural a los Museos Capitalinos y evidentemente la correspondiente comida de honor y protocolo.
El primer ministro italiano, Matteo Renzi, más ancho que largo, la cosa no era para menos, estaba dispuesto a cualquier cosa con tal de complacer a su “invitado” y darle gusto. Así que emitió las órdenes pertinentes para que aquellas obras de artes que mostraran partes pudendas y pudieran molestar a los invitados en su paseo por el patrimonio y la cultura romana, fueran ocultadas para evitar un no sé qué, que yo tampoco sé explicar.
Pues diré una cosa, mayor agravio que se le ha hecho al pueblo italiano, a su historia, a su cultura, y al arte en general no cabe. Pero la ocasión la pintaban calva.
En la correspondiente cena oficial también como cortesía no se sirvió ni vino ni ninguna otra bebida alcohólica; y todo ello por unos cuantos milloncejos de euros.
Para terminar con este escabroso pero rentable asunto, permitirme una anécdota particular. Siendo este vuestro pendolista responsable de Formación en una organización sindical a nivel regional, y a la vista del incremento de población extranjera en una localidad del norte de la Provincia de Cáceres, intenté montar cursos de castellano para aquellos que se habían asentado masivamente al pairo de trabajo agrícola, después de algunas reuniones con sus líderes y representantes me propusieron que en lugar de ellos aprender nuestra lengua se les enseñara a los nativos de la localidad su idioma; a eso se le llama endoculturación, así que cogí mis bártulos y los dejé al libre albedrío.
Cambio de tercio y no por ello menos espinoso, leo: “un menor agrede a sus padres por no comprarle un móvil”.
Nosotros a lo nuestro
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| recogida banco de alimentos |
Yo hice Ingreso
Yo que no la estudié me voy a permitir reivindicar el Ingreso.
El ingreso era un compendio de estudios que te permitía acceder a la educación voluntaria de la época, en este caso lo que se conocía como Bachiller Elemental, que consistía en cuatro cursos y la Reválida de 4º y posteriormente el Bachiller Superior, sexto y reválida, en este ya se elegía entre ciencias y letras.
Si bien durante los bachilleratos existía un plan general de estudios que contenían asignaturas programadas (matemáticas, física y química, formación del espíritu nacional -total ná la papeleta-, francés, latín…); el ingreso era una acumulación de conocimientos en base al saber y entender de quien lo preparaba.
A mí me preparó, como a otros muchos, mi maestra (que hermosa palabra) Doña Julia. Si me pusiera a escribir aquí los recuerdos de aquel periodo, seguro que a unos los aburría, a otros le sonaría a chino, habría a quien le despertaría cierto sentimiento de nostalgia…, pero no, voy a dejarlo para otro día; solamente haré una pequeña mención que será la que me dé pie para desarrollar mi correspondiente matraca.
Uno de los libros que utilizábamos era la enciclopedia Álvarez en sus distintos niveles, amén de los múltiples mapas colgantes que cubrían las imperfecciones de las paredes, en los que aprendíamos geografía con aquella declamación cantarina que aún seríamos capaces de decirla de corrido. Una de las materias era estudiar los distintos aspectos de las “razas del mundo” y aquí aprendíamos aquello de blanca, negra, amarilla, cobriza y aceitunada; cierto que la división estaba basada en el color de la piel y no en ningún otro matiz científico ni antropológico.
Bien, entendiendo esto como preámbulo paso a exponer algo que los últimos tiempos, no es que me quite el sueño, pero es cierto que no comprendo, ¿será que me quedé en el ingreso?
Estos días atrás leo en un periódico, en su sección de cultura lo siguiente: “El Rijksmuseum de Ámsterdam modificará en 2016 hasta 300 títulos de obras para evitar palabras consideradas conflictivas como ‘negro’, ‘enano’, ‘moro’ o ‘mahometano’…”
Se refiere el artículo a los títulos de los cuadros del citado museo y que en su día fue el que le puso el autor de la obra. Igualmente tiene esta intención el Museo Antropológico de Madrid.
Ahora yo me pregunto si esto va a ser una tónica general ¿se va ha hacer lo mismo con otras obras de arte? Por solo poner algún ejemplo, todas aquellas canciones, poemas, libros…, que lleven la palabra negro, gitano, mahometano… ¿también van a ser modificadas? Pues ya tiene trabajo la SGAE y las Academias, tanto las que son reales como las que no.
Iros acomodando al asunto:
No solo los términos vamos a tener que cambiar, también la intención; canta Ana Belén: “lías tus miradas a mi falda por debajo de mi espalda y digo yo que mejor que el ojo pongas la intención, líame a la pata de la cama, no te quedes con las ganas…”
Termino por aquello del tedio, voy a proponer una iniciativa popular, no sé si legislativa o ilegal, para recoger firmas y cambiar el nombre a la obra de aquel tal Lorca y que no se lo ocurrió otro nombre que “romancero gitano”.






























